El viaje

Por el Tratado de Tordesillas de 1494, a los barcos castellanos se les prohibió viajar al lugar de origen de las especias navegando hacia el este y rodeando África, bajo dominio portugués.

Muchos marinos se habían ofrecido a navegar por el oeste en busca de un camino alternativo a las Molucas. Ese era, de hecho, el objetivo de Cristóbal Colón en 1492.

Y cuando en 1513 Vasco Núñez de Balboa descubrió que al oeste del continente se abría otro mar aumentaron las iniciativas para encontrar un paso hacia “el mar del sur” desde el Atlántico.

El marino portugués Fernando de Magallanes creía que el paso podía estar en el extremo sur del continente y convenció al rey de España para que le asignara la dirección de una expedición.

La Casa de Contratación de Sevilla fue la organizadora del viaje. De las cinco naves que componían la expedición, tres eran de origen vasco.

Las eligieron y compraron entre los barcos que se dedicaban al comercio en Cádiz. Todas eran naos y no muy grandes de tamaño: San Antonio (120 toneladas), Trinidad (110 toneladas), Concepción (90 toneladas), Victoria (85 toneladas) y Santiago (75 toneladas). Gran parte del abastecimiento que necesitaban las naos, armas blancas, artillería, pólvora y otros productos de hierro como clavos y anclas, se realizó en Euskadi porque eran mejores y tenían mejor precio que en Andalucía Recogieron todo el abastecimiento en el puerto de Bilbao y desde allí lo enviaron a Sevilla por mar.

Además, el 14% de los 238 marineros de la expedición eran de origen vasco. Los demás provenían de varios países de Europa: castellanos, portugueses, franceses, ingleses, italianos, alemanes o griegos.

El viaje tuvo dos partes importantes. Por un lado, la expedición a las Molucas, y por otro, la primera circunnavegación de la Tierra. El principal impulsor de la primera parte fue, sin duda, Fernando de Magallanes. El de la segunda fue Juan Sebastián Elkano.

La expedición a las Molucas.

El 10 de agosto de 1519
Expedición salió de Sevilla y el 20 de septiembre se hizo a la mar en Sanlúcar.

El 26 de septiembre
Arribaron a Tenerife y siguieron la costa africana hasta Cabo Verde y Sierra Leona, para comenzar desde allí la travesía del océano.

El  29 de noviembre
hicieron otra escala en lo que hoy es Río de Janeiro.

El 13 de diciembre
hicieron otra escala en lo que hoy es Río de Janeiro.

El 12 de enero de 1520
llegaron a Río de la Plata. Creyeron que era el estrecho que buscaban y navegaron durante 15 días hasta que se dieron cuenta de que era la desembocadura de un río, y continuaron hacia el sur.

El 31 de marzo
llegaron a Puerto San Julián, al sur de Patagonia, para pasar el crudo invierno. No encontraban el estrecho soñado, así que los capitanes Juan de Cartagena, Antonio de Coca, Gaspar Quesada y Luis de Mendoza se sublevaron. El propio Elkano estaba con los sublevados y Magallanes los trató con dureza.

El 22 de mayo
mientras buscaban el estrecho, la nao Santiago se hundió en la desembocadura del río Santa Cruz de Patagonia.

El 21 de octubre
encontraron la entrada del estrecho de Magallanes y comenzaron la dura travesía.

El 1 de noviembre
el capitán de la nao San Antonio, Esteban Gómez, abandonó la expedición y se marchó. Llegó a Sevilla el 6 de mayo de 1521, donde lo encarcelaron por desertor.

El 28 de noviembre de 1520
consiguieron culminar la travesía del estrecho y siguieron el camino a través del océano Pacífico. Durante tres meses no encontraron un lugar adecuado para desembarcar y los marinos sufrieron hambre, sed y enfermedades.

El 6 de marzo de 1521
llegaron al fin a las islas Marianas y pudieron ir a tierra.

El 16 de marzo de 1521
alcanzaron las Filipinas. Magallanes tuvo la pretensión de cristianizar a los lugareños, desobedeciendo el acuerdo pactado con el rey.

El 7 de abril de 1521
llegaron a Cebú. Desobedeciendo una vez más las órdenes del rey, en lugar de seguir el camino hacia las Molucas, Magallanes se involucró en las luchas del lugar y murió en la isla de Mactán, junto con otros hombres, en una batalla contra su caudillo. Duarte Barbosa, pariente de Magallanes, tomó el mando de la expedición y volvió a Cebú. El rey de la isla los invitó a un banquete, en el que envenenaron y mataron a 24 miembros de la tripulación. Los miembros restantes de las expedición, al ver que no tenían suficientes hombres para manejar las tres naos, decidieron quemar la nao Concepción, quitaron a Barbosa del mando y siguieron con las otras dos naves camino a las Molucas; Gonzalo Gómez de Espinosa tomó el mando de la expedición y Elkano fue nombrado capitán de la nao Victoria.

El 8 de noviembre de de 1521, 

Dos años después de salir de Sevilla, llegaron a las Molucas. Pero todavía debían encontrar un camino de vuelta para conseguir una ruta marítima eficaz.

La circunnavegación de la tierra.

Aunque se confiera a Magallanes el mérito de la primera circunnavegación de la Tierra, la hazaña fue resultado de la iniciativa de Elkano. De hecho, volver navegando hacia el oeste de las Molucas fue una decisión contraria al objetivo principal de la expedición, que era encontrar para España una vía marítima eficaz para la explotación de las especias, y volver por aguas de dominio luso contradecía dicho objetivo. Circunnavegar la tierra fue una decisión realmente valiente, porque el camino estaba plagado de peligros, navegando por lugares del océano Índico inexplorados hasta entonces con una nao de pequeñas dimensiones, la Victoria, y expuestos a una condena a muerte si los portugueses los descubrían.

Sin embargo, Elkano aprovechando el monzón que en invierno soplaba del este, decidió seguir hacia el oeste.

Así pues, la primera circunnavegación de la tierra fue la consecuencia de la decisión tomada por Juan Sebastián Elkano para volver de las Molucas.

El 21 de diciembre de 1521
la nao Victoria partió de Tidore bajo el mando de Elkano. La nao Trinidad tenía desperfectos y se quedó en Tidore para que pudiera ser reparada y poder así volver atravesando el Pacífico. Zarpó una vez terminadas las reparaciones, pero puesto que no encontraba vientos ni corrientes favorables, volvió a las Molucas. Al final fue apresada por los portugueses.

El 25 de enero de 1522
la nao Victoria hizo escala en Timor. Fue el comienzo de otra terrible travesía: la nave dirigida por Elkano cruzó el océano Índico en solitario sin tocar tierra.

El 19 de mayo
después de pasar tres meses sin tocar tierra, llegaron al cabo de Buena Esperanza, al sur de África, pero el temor a ser apresados por los portugueses les hizo seguir adelante sin desembarcar, hacia el océano Atlántico.

El 2 de julio
no tuvieron otro remedio que parar en Cabo Verde, colonia portuguesa, para comprar alimentos. Mientras cerraban el trato, los portugueses se dieron cuenta de que venían del Lejano Oriente y apresaron a los 12 marinos que estaban en tierra. Los demás hombres que se encontraban a bordo de la Victoria, bajo las órdenes de Elkano, huyeron y siguieron adelante en aquel viaje sin fin.

El 6 de septiembre de 1522
tres años después de dejar ese mismo puerto, 18 hombres llegaron a Sanlúcar a bordo la nao Victoria. De las cinco naves que zarparon, llegó una. De los 238 hombres, 18, entre ellos cuatro vascos:

Juan Sebastián Elkano capitán de la nao Victoria, de Getaria.
Juan Akurio piloto, de Bermeo.
Juan Arratia grumete, bilbaíno.
Juan Zubileta paje, de Barakaldo.

Tan pronto llegaron, Elkano escribió dos cartas al rey. En la primera le pedía la libertad de los hombres detenidos en Cabo Verde y repartiera entre los marinos las ganancias que la expedición debía al rey. En la segunda, propuso al rey crear una nueva Casa de Contratación de especias en La Coruña, para que aquellos comerciantes que venían a comprar las especias desde el norte de Europa a Lisboa pudieran conseguirlas más cerca.

La vida a bordo.

Las condiciones de vida en las naos del siglo XVI eran muy duras. Las naves eran pequeñas, pero se necesitaban muchos marinos para poder navegar. Los marinos convivían uno al lado del otro, sin ningún tipo de intimidad ni higiene, por lo que las enfermedades y parásitos se propagaban rápidamente entre ellos.

Pero para poder hacer frente a los desperfectos ocasionados por las tempestades y otros infortunios, sólo contaban con los recursos que llevaban en el barco. Por supuesto, no tenían posibilidad de pedir ayuda por radio y los recursos de salvamento eran muy limitados. Las herramientas de navegación también eran muy básicas: calculaban la dirección y la latitud con la brújula y el astrolabio. El cálculo de la longitud era una mera estimación: medían el tiempo utilizando un reloj de arena y la distancia con una corredera.

La base de la alimentación diaria era una especie de pan llamado bizcocho o galleta que se cocía dos veces. Para preparar las sopas de bizcocho, que eran la base de la alimentación diaria, añadían bacalao, carne y tocino salado, o verduras desecadas como cebolla y ajo. Además, solían llevar legumbres y cereales secos: haba txiki, guisantes, arroz, etc. Cuando, debido al mal tiempo, no se podía encender el fuego en el barco, componían la comida con queso y bizcocho. Los alimentos frescos duraban muy poco tiempo sin pudrirse y por eso los comían enseguida. Las bebidas más habituales eran vino, txakolí, sidra y agua. En los barcos que se abastecían en Euskadi para ir a Ternua a pescar la sidra era la bebida principal. El agua se pudría muy rápido, y por eso solían tomar sidra mezclada con agua como bebida habitual. Una vez a la semana, los domingos, bebían txakolí o vino.

En la primera expedición a las Molucas bajo el mando de Magallanes, los marineros soportaron mucha hambre y sed al cruzar el Pacífico. Esto es lo que dice Pigafetta en su diario:

“... El bizcocho que comíamos ya no era más pan sino un polvo mezclado de gusanos que habían devorado toda su sustancia y que además tenía un hedor insoportable por hallarse impregnado de orines de ratas. El agua que nos veíamos obligados a beber estaba igualmente podrida y hedionda. Para no morirnos de hambre, nos vimos aun obligados a comer pedazos de cuero de vaca con que se había forrado la gran verga para evitar que la madera destruyera las cuerdas. Este cuero, siempre expuesto al agua, al sol y a los vientos, estaba tan duro que era necesario sumergirlo durante cuatro o cinco días en el mar para ablandarlo un poco; para comerlo lo poníamos en seguida sobre las brasas. A menudo aun estábamos reducidos a alimentarnos de serrín, y hasta las ratas, tan repelentes para el hombre, habían llegado a ser un alimento tan delicado que se pagaba medio ducado por cada una.”

La falta de alimentos frescos ocasionaba graves enfermedades, sobre todo el temido escorbuto. El propio Urdaneta escribía lo siguiente en su diario:

“...Toda esta gente que falleció murió de crecerse las encías en tanta cantidad que no podían comer ninguna cosa y más de un dolor de pechos con esto; yo vi sacar a un hombre tanta grosor de carne de las encías como un dedo, y otro día tenerlas crecidas como si no le hubiera sacado nada...”.

Conseguir alimentos frescos no estaba libre de peligros; parece ser que, en la segunda expedición, en un margen de pocos días, murieron Loaysa, Elkano y el resto de oficiales, después de comer las barracudas que pescaron desde la nave, debido a una intoxicación por ciguatera.

En los barcos solía ser habitual la presencia del médico o cirujano y de un cura, para responder a las necesidades de “cuerpo y espíritu” de los marinos. Pero la medicina estaba muy poco desarrollada y poco podían hacer ante las enfermedades y los accidentes graves. Uno de los cometidos semanales de los médicos y cirujanos solía ser cortar el pelo y la barba a toda la tripulación. En cuanto al espíritu, en la Europa del siglo XVI, la religión tenía una importancia enorme. Se consideraban cristianos y, teniendo en cuenta que la posibilidad de morir era constante, daban mucha importancia a la voluntad de Dios y a la salvación de sus almas. Por eso, la presencia del sacerdote en las naos era imprescindible para poder confesar los pecados. Ante cualquier dificultad se encomendaban a Dios, y cuando conseguían superarlas, tenían la certeza de que había sido gracias a su ayuda.