Más allá del horizonte

Xabier Aldalur, Miembro del comité asesor de la Fundacion Elkano 500
1 ABR, 2020

Se puede decir, sin equivocarse demasiado, que la primera vuelta al mundo fue uno de los mayores logros de la humanidad. Amplió la mente de los coetáneos y el horizonte del pensamiento, y en consecuencia, provocó un cambio drástico en la forma de entender el mundo.

Juan Sebastián Elcano escribió, seguramente en Sanlúcar de Barrameda, cuando aún estaba a bordo y antes de desembarcar, una carta al emperador en Valladolid, donde detallaba todos los pormenores de “El viaje más largo”. Se trataba de una carta tan precisa como clarificadora para informar sobre tan significativo logro tras tres años de sufrimiento;

"…Pero como su Excelentísima Majestad sabrá, lo que realmente merece tomarse en consideración es que partiendo en dirección al oeste se ha recorrido el camino y se ha llegado al este, rodeando así en su totalidad el mundo en todo su contorno..."

Elcano, como muestra de su nivel de humanidad, y destacando las angustias y padecimientos de su tripulación, le solicita lo siguiente:

 ”…le ruego, por lo que más quiera, a su Excelentísima Majestad, que premie a esta gente, que ha sufrido desgracias, infortunios, hambre y sed, frío y calor terribles a su servicio, con una cuarta parte de las cajas y una veinteava parte de los quintales…”

Asimismo, tampoco se olvidó de cuando llegaron a duras penas a las islas de Cabo Verde, y desembarcaron en silencio y cautelosamente para conseguir víveres, agua, madera, etc., y que a causa de algún charlatán, se avisó a los isleños sobre su procedencia y sobre quiénes eran, y que los portugueses detuvieron desgraciadamente a trece tripulantes:

 ”…Le ruego, Excelentísima Majestad, que acuerde con el Rey de Portugal la libertad de esos trece hombres que le han servido durante tanto tiempo…”.

La Corte denegó la mayoría de las solicitudes que le planteó Juan Sebastián Elcano. Sin embargo, Elcano guardaba un antiguo y amargo asunto que debía aclarar ante el emperador. Antes de alistarse en la embarcación de Magallanes, Elcano formó parte en diversas expediciones a las órdenes de la Corona con su propia embarcación, y como la administración no abonó a tiempo los pagos acordados, tuvo que vender la embarcación con el fin de pagar a su tripulación. En aquella época, estaba expresamente prohibida la venta de embarcaciones a potencias extranjeras, por el riesgo de que las convirtiesen en buques de guerra enemigos. Así, fue destituido por Carlos I por haber vendido su embarcación a unos comerciantes de Saboya.

Por otra parte, con objeto de premiarlo por la valentía y destreza demostradas, el emperador le concedió el derecho a tener un escudo de armas:

 ”…A cada lado un rey coronado de las Islas de las Especias, en las manos de uno una rama de clavo y en las del otro otra de nuez moscada. La superficie del escudo rodeada de nueces moscadas, en medio dos ramas de canela cruzadas, y sus huecos rellenados con especias. Un casco a la cabeza, laureado con una esfera terrestre, y todo ello bajo la siguiente insignia: “PRIMUS CIRCUMDEDISTI ME”.

 

En la siguiente carta, le asignaron una pensión vitalicia de 500 ducados de oro mediante las siguientes palabras:

“…Nos, el Emperador, en consideración al servicio realizado por vos, Juan Sebastián de Elcano, y admitiendo las tantas y tan grandes labores y fatigas que ha sufrido para el hallazgo de la ruta de las especias, mostramos nuestra voluntad y deseo de que disponga, durante toda su vida y anualmente, de quinientos ducados de oro…”.

Los destellos de oro mencionados con tales palabras grandilocuentes que tan grande eco tuvieron no nublaron ni cegaron la mirada de Juan Sebastián Elcano. Ni sus sucesores, ni los les siguieron obtuvieron nunca lo que se le asignó.

El cargamento de la nao Victoria

Daniel Zulaika, graduado en Historia, manifiesta lo siguiente: «Cuando la nao “Victoria” llegó al puerto de Sevilla, las dieciocho personas que desembarcaron declararon cada uno sus propios bienes. Así, Elcano declaró lo siguiente: “Un saco grande de clavo, de 6 arrobas y 15 libras (76 kg). Una caja grande de clavo, dividida en tres sacos, de 16 arrobas y una libra (184 kg). Una cuenta de entorno a unos 94.000 maravedís”

'La ofrenda de Elcano', Elías Salaverría

 

Y más adelante: “Rendimiento de tres años de trabajo: 25 meses y 6 días trabajando como Maestre y 11 meses y 22 días como capitán, corresponden a un salario de 104.526 maravedís. Por su parte, el importe correspondiente al quintal de la carga de clavo es de 508.725 maravedís. El importe embolsado en concepto de salarios fue de 613.251 maravedís”.

En ese mismo sentido, parece que la nao “Victoria” fue, con sus 102 toneladas (85 toneles vizcaínos), una de las más pequeñas. Al parecer, fue la más cara en la provisión de víveres, pero a su vez, y haciendo honor a su nombre, fue la única que volvió repleta de especias. Un antiguo amigo de Magallanes, el burgalés Cristóbal de Haro, aportó una media del 20 % para la financiación de la embarcación para “El Viaje más largo”. Fue él quien gestionó el cargamento de las especias, además de otros comerciantes de Amberes y banqueros alemanes.

La nave “Victoria”, incluidas sus barcas, herramientas y aparatajes costó 300.000 maravedís, y aunque no existe un consenso unánime, la venta del clavo que se desembarcó, de la propia nave y de todo el aparataje generó una bolsa de 8.680.000 maravedís. Liquidó el coste total de toda la flota, y proporcionó unos excedentes de ganancias que no se esperaban.

En palabras del historiador Juan Gil: “Haciendo oídos sordos a aquellas voces que solicitaban que se protegiera y preservara la nao para el "Recuerdo de la Gesta", en 1523, el mercader genovés Esteban Centurión adquirió la nave en la subasta de Gradas. Navegó en la ruta marítima de las Indias, hasta que en el año 1525 se le perdió el rastro”.

 “…lo que realmente merece tomarse en consideración es que partiendo en dirección al oeste se ha recorrido el camino y se ha llegado al este, rodeando así en su totalidad el mundo en todo su contorno … ”

Mundos distintos y un nuevo mundo

Los seres humanos hemos intentado encontrar, desde nuestros orígenes, las razones y las respuestas de lo inexplicable, lo incomprensible, y lo desconocido. Se puede decir, sin equivocarse demasiado, que aquella primera vuelta al mundo fue uno de los mayores logros de la humanidad. Amplió la mente de los coetáneos y el horizonte del pensamiento y, en consecuencia, provocó un cambio drástico en la forma de entender el mundo.

Aquella vuelta al mundo fue la culminación de otras expediciones que se intentaron hacer anteriormente, y no se puede negar que como consecuencia se generaron cambios impensables en aquel momento. Además, se puede decir que el tejido mundializado actual se creó por haber trenzado y tejido los hilos de todos esos mundos nuevos y distintos. Las múltiples redes de relaciones e intercambios intercontinentales que se crearon, tanto a nivel humano como biológico, agrícola, ganadero, cultural, económico, etc. fueron la base de la red comercial intercontinental que se creo después, y de la mundialización posterior. Aunque parezca curioso, aquella travesía marítima que realizaron para descubrir tantos mundos distintos y desconocidos generó un mundo nuevo más unificado.

Atlas de Battista Agnese, siglo XVI.

 

Navigare necesse est...

Fernando Txueka dice lo siguiente en “Carta a Elcano”: «Tras tu ausencia, tu persona fue objeto de innumerables glorias y honores. Pero durante muchos siglos ha habido también múltiples cronistas e historiadores que han subestimado y menospreciado sin pudor a tu persona. Así, el político y académico español Cánovas del Castillo decía lo siguiente en un discurso:dio la vuelta al mundo sí. Sin embargo, fue un simple maestre, más práctico que científico, y más aventurero que capitán…».

Y me pregunto si Carlos I no le nombraría e invitaría precisamente por esa razón, junto con otros diversos geógrafos, cosmógrafos y filósofos, a las reuniones de alto nivel que se hicieron en Badajoz con los portugueses, para decidir sobre la propiedad de las Molucas…

En la ciudad de Roma, con el fin de paliar la hambruna generada por la escasez de la harina de trigo, las embarcaciones del Norte de África, Nápoles y Sicilia se llenaron de cereales, pero en vista del temporal que había en la mar, los hombres no quisieron poner en riesgo su vida, y se negaron a zarpar. Según Plutarco, Pompeyo ordenó que zarparan con estas palabras: “Navigare necesse est, vivere non necesse”.     

Juan Sebastián Elcano, los 17 miembros de la tripulación que llegaron a Sanlúcar y los otros 13 hombres que quedaron apresados en las islas de Cabo Verde dieron tres años de su vida siguiendo esa misma enseña, anhelando obtener respuestas a las preguntas ocultas más allá del horizonte.