El relato perdido de Pigafetta (parte I)

Enrique Santamaría, Historiador y novelista
21 FEB, 2020

Aunque muchos lo ignoren, la crónica del escritor italiano se perdió. Igual que ha sucedido con muchos de los testimonios clave de la expedición, como el diario de abordo o la propia narración de Elkano. Algo muy difícil de comprender en un acontecimiento de tal trascendencia y que limita en gran medida nuestro conocimiento del mismo.

Una de las principales razones argüidas para explicar que, pese a lo irrepetible de su logro, Elkano sea una figura poco conocida y valorada no solo a nivel mundial, sino también aquí, en su propia tierra, es su desaparición de la célebre narración de Pigafetta: “Primer viaje alrededor del Globo…”. Convertida en fuente “canónica” para narrar esta aventura pese a que existen otros testimonios de los protagonistas, algunos, como el del jerezano Ginés de Mafra, bastante más coherentes. 

La omisión del responsable de la primera vuelta al mundo, en vez de restar interés por la crónica de Pigafetta, parece haberlo multiplicado, y no solo en el mundo anglosajón sino, y especialmente, en el hispano. De forma general, y totalmente arbitraria, se ha atribuido esta ausencia a una supuesta animadversión por Elkano, motivada por la participación de este en la rebelión de San Julián contra Magallanes, patrono del italiano. No hay nada que lo pruebe salvo la propia omisión, con lo cual el efecto se convierte en causa.

Otros, con bastante más sentido, creen que Pigafetta hace desaparecer a Elkano con el objeto de atribuirse a sí mismo la primera vuelta al mundo. Es fácil comprobar que exagera su papel en varios episodios y, de hecho, hay textos italianos que afirman que el viaje lo realizaron Magallanes y el “capitano Pigafetta”. A fin de cuentas, le salió bien a Américo Vespucio o a Marconi, entre otros, así que, ¿por qué no al “capitano Pigafetta”?

Pero es preciso resaltar que no disponemos del texto original de Pigafetta ni de las varias copias que, sabemos, fueron realizadas en vida del autor. Una desapareció probablemente en los Archivos Vaticanos, igual, curiosamente, que la crónica original de Pedro Mártir de Anglería. En aquel momento el Papado era aliado de Francia contra el emperador Carlos, rivalidad que culminó en el famoso “Saco de Roma” por las tropas de este en 1527. Un saqueo que proporcionó la excusa perfecta con la que justificar la desaparición de estos documentos (aunque no de muchos otros). No hay ninguna prueba de ello, y no se sabe qué fue del resto de las copias, así que lo lógico sería suponer que hay cientos de investigadores españoles e internacionales escudriñando en su búsqueda. La realidad es que apenas nadie se ha preocupado, ni antes ni ahora, de dar con él. El dinero destinado al quinto centenario tiene, sin duda, mucho mejores usos.

Parte de la culpa de esa falta de interés en su búsqueda es de la Biblioteca Ambrosiana de Milán, cuyo archivero, Carlo Amoretti, descubrió en 1800 un manuscrito del “Primo Viaggio in Torno al Globo…”. Rápidamente surgieron dudas sobre su autenticidad, pues presenta numerosas faltas de ortografía y de sintaxis respecto a la época en que supuestamente fue escrito, y un tercio de su volumen está en blanco. Amoretti tuvo que reconocer que no era el original, aunque afirmó que se trataba probablemente de una copia del mismo, lo que le permitía conservar su valor. Tanto es así que ese manuscrito sigue siendo aceptado y presentado como auténtico por muchos historiadores y editores, aunque se sepa que no es cierto.

En realidad, incluso esa teoría de la copia “contemporánea” es más que dudosa. El papel y la calidad de la letra son muy buenos, y delatan el trabajo cuidadoso de un escribano cualificado, lo que hace aún más incongruentes las equivocaciones en la ortografía y el lenguaje. El libro incluye, además, muchas ilustraciones. Los errores en la representación de elementos geográficos son atribuibles a los medios de que se disponía en la época, pero otros no. La representación de los barcos y los nativos de la isla de los Ladrones, vestidos con estrafalarios ropajes, es imposible que la haya realizado nadie que los hubiera visto de verdad, o que copiara un dibujo de quien los hubiera visto. 

Y el dibujo de la planta del clavo, que Pigafetta se tomó mucho tiempo en estudiar y describir, dado que era el fin último de la expedición, no tiene el menor parecido con la verdadera planta. Todo ello hace pensar que no copia un dibujo original, sino que lo recrea a partir de la descripción escrita. De hecho, todo el texto da la impresión, por lo ya citado y por otros detalles, de ser una “recreación” posterior.

¿Qué texto podía estar “recreando”? El único que de verdad conocemos, el de la edición en francés publicada en París entre 1526 y 1535 por Simone Colines que, según se deja claro en el propio texto, se trata de un extracto en francés traducido del original en italiano. La pérdida, aún sin explicar, tanto del original como de todas las copias hizo que este “extracto” en francés se convirtiera en la base de todas las ediciones posteriores, incluida su “retraducción” al italiano en 1550. Esta “retraducción” impresa es, con bastante probabilidad, la base de la recreación ambrosiana, a la que se añadieron párrafos que se sabía por cronistas como Fernández de Oviedo que contenía el escrito original, y dibujos para diferenciarla del “extracto”. El nombre de Pigafetta, por ejemplo, aparece escrito como Pigafeta, Pagapheta y Phigapheta, evidenciado orígenes e incluso idiomas diferentes en sus fuentes. Eso explicaría, entre otras cosas, los grandes espacios de papel dejados en blanco, probablemente destinados a ser ocupados por añadidos que, por algún motivo, nunca llegaron a realizarse.

El hecho de que la “fuente” del libro sea este extracto publicado en Francia en esa época es importante. España y Francia llevaban décadas de sangrientas guerras y en 1525 se había librado la batalla de Pavía, en la que había muerto o sido hecha prisionera lo más granado de la nobleza francesa, incluido su rey. En esas circunstancias es normal que, dentro de la más elemental propaganda de guerra, el editor francés procediera a eliminar de su “extracto” todas las referencias, por lo menos positivas, a los españoles. Porque eso es algo en lo que parecen no haber reparado los que siguen insistiendo en que “Pigafetta no menciona a Elkano”. 

No menciona a Elkano, pero tampoco a Espinosa, ni a ningún español en un papel positivo. Y eso no lo digo yo, lo puede comprobar cualquiera simplemente leyendo con atención el texto. El único punto en el que se habla de los españoles es en las cuatro líneas escasas en que se menciona lo sucedido en San Julián, tan mal escritas que se llega a confundir a Cartagena con Quesada. Su estilo es completamente diferente al del resto. En cuanto Juan Serrano y Esteban Gómez (Estêvão Gomes), al que el escrito que nos ha llegado califica de español, aunque era portugués, a Gómez lo cita como traidor por la deserción de la San Antonio y a Serrano suplicando por su vida en Cebú. La única referencia a un español carente de elementos peyorativos es la brevísima anotación sobre la desaparición de San Martín en Cebú. Pigafetta, además, no disimula sus animadversiones, como sucede con Carvalho, en lo que coincide, por cierto, con Elkano. Quizás, si no nos ha llegado ni una mención a Elkano sea, precisamente, porque Pigafetta no escribió nada malo sobre él.

En el artículo siguiente analizamos el texto del que disponemos, comparándolo con otras crónicas del viaje y con los testimonios de quienes sí leyeron el relato original.